Algunas de las propuestas emanadas del Espacio Europeo de Educación Superior se pueden interpretar, posiblemente, como un intento de cubrir las necesidades actuales de formación integral de los alumnos. Si tradicionalmente los contenidos impartidos en la enseñanza universitaria se referían, en el caso de muchas materias, a un conocimiento de carácter estático y enciclopédico que debía asimilarse casi exclusivamente de forma teórica y repetitiva, las nuevas propuestas abogan por incorporar a los planes de estudio conocimientos plurales y diversos, de naturaleza condicional, e integrados entre sí de forma compleja [Sharp].
Se hace necesaria, por tanto, la búsqueda y realización de innovaciones didácticas centradas en la utilización de recursos que impulsen el desarrollo de habilidades complejas por parte de los alumnos y que, al mismo tiempo, faciliten la recogida de la información necesaria para llevar a cabo el análisis y la valoración del proceso.
Entre las innovaciones que se vienen proponiendo para este fin destaca el empleo del portafolio, un recurso didáctico que, procedente del mundo del arte y de la arquitectura, ha sido trasplantado al mundo de la educación.
En este trasplante, el portafolio ha perdido algunas de sus características iniciales, pasando de ser un “contenedor rígido y cerrado” a convertirse en un “contenedor dinámico” que incluye un conjunto de documentos destinados a reflejar el rendimiento y la capacidad de reflexión de la persona que lo construye, de acuerdo con una serie de criterios previamente estipulados.
En el ámbito de la educación se suelen distinguir dos tipos de portafolio: el portafolio del docente, que sirve para reflejar el proceso de planificación, ejecución y evaluación de la docencia por parte del profesor y para reflexionar sobre el mismo, y el portafolio del estudiante.
Según Shulman: “Un portafolio didáctico es la historia documental estructurada de un conjunto de desempeños que ha recibido preparación o tutoría, y adoptan la forma de muestras de trabajo de un estudiante que sólo alcanzan realización plena en la escritura reflexiva, la deliberación y la conversación”.
Una formulación global implicaría que el portafolio del estudiante, para ser considerado como tal, ha de rebasar la mera colección o recopilación de trabajos y concebirse como un instrumento de carácter longitudinal, con un contenido diversificado, que promueva la reflexión del estudiante sobre su proceso de aprendizaje y suponga diversos grados de colaboración entre los alumnos y el profesor.
En consecuencia, se trata de un instrumento caracterizado por la flexibilidad y el dinamismo, que se presta a ser utilizado en una gran diversidad de situaciones de enseñanza y aprendizaje, con relación a una amplia gama de temas y para una amplia gama de propósitos. Además, al tener una orientación tanto hacia fuera [los materiales realizados y recopilados] como hacia adentro [significados albergados en su construcción], a su capacidad de almacenaje de productos, el portafolio añade la posibilidad continua de evidenciar cómo se van produciendo los procesos de enseñanza y aprendizaje desde el punto de vista de los protagonistas, por medio de la conversación reflexiva con los materiales de la situación [Schön].
Finalmente, indicar que para muchos autores la principal utilidad de este instrumento reside en las posibilidades que ofrece al profesor de llevar a cabo una evaluación del aprendizaje desde la perspectiva múltiple que surge a través de las evidencias seleccionadas y de la reflexión del alumno sobre las mismas, algo que, en principio, no cabe esperar de otros instrumentos de evaluación más estandarizados, a los que se supone una orientación más fragmentada [Arteaga y Fernández].
Cuatro son, por tanto, los aspectos principales que caracterizan al portafolio [Agra y otros:
- Reflejar la evolución y el logro del estudiante en su proceso de aprendizaje.
- Estimular la experimentación, la reflexión y la investigación.
- Potenciar el diálogo en torno a los problemas, los logros, los temas…los momentos claves del proceso.
- Reflejar el punto de vista personal de los protagonistas y favorecer su colaboración.